Los momentos
Esa tarde lo sabía. Sin premeditación, espacio ni tiempo lo sentí.
Ella caminó hacia mí y en un cruce sin excusas ni falsedades me miró fijamente. Mientras seguía su camino voltió la mirada y continuó su marcha. No era el momento: sabía que años más tarde, los adecuados y sabios, nos encontraríamos para vivir nuestro amor eterno.
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