El miedo
- No me extrañas, ¿cierto? -preguntó repentinamente, tanto así que la pregunta causó sorpresa en ella-.
Hubo un largo momento de silencio entre ambos cuerpos. Él esperando la respuesta y ella buscándola.
El tiempo se había relativizado a función de ambos. Uno con espera infinita; otra con contratiempo limitado.
Eligió el camino más fácil y cómodo:
- Sí, sí lo he hecho.
Sabía que su respuesta tenía una mentira profunda, pero también sabía el daño que no quería generar.
En todo caso, pensara lo que pensara ella, él sabía que le estaban mintiendo. Él sabía que la respuesta tenía una mentira profunda.
Pero no hizo nada: le acomodaba perfectamente esa mentira.
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