Miradas

El silencio tras las miradas era idílico. Estábamos gritándonos sin hablarnos. Con vehemencia nuestras miradas enardecían. La  retina, la antesala de la mirada, quería explotar en un grito con palabras furiosas de amor. 
Tú y yo nos mirábamos en silencio vivo y con grito ensordecedor. 
Nos mirábamos en silencio y eso era amor.

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